“Preocupación por Construcción del Denominado Tercer Carril”
Una vez que transitamos por una carretera damos por sentado algo que rara vez pensamos: que alguien diseñó esa vía para proteger nuestra vida. No vemos las horas de cálculos, los estudios de ingeniería, las simulaciones de tránsito ni los análisis de seguridad que hay detrás de una carretera moderna.
Solo vemos el asfalto y confiamos en que la curva no fue trazada al azar, en que el puente resistirá, en que la señalización está donde debe estar y también confiamos en que cada elemento de la vía tiene una razón de existir.
Uno de esos elementos es la berma, para muchos es simplemente un espacio desperdiciado al borde de la carretera, para un ingeniero vial, en cambio, es el lugar donde puede marcarse la diferencia entre un susto y una tragedia, la berma no está ahí por estética, su función es permitir que un conductor recupere el control cuando se sale del carril o perdió el control de su vehículo por otra causa fortuita, brindar espacio para que una ambulancia pueda avanzar, ofrecer un lugar donde un vehículo averiado no se convierta en un obstáculo mortal y sobre todo, crear una distancia de seguridad entre el tránsito vehicular y quienes caminan por un sendero peatonal.
Por eso como usuario de esta vía al igual que me han manifestado muchos ciudadanos, preocupa lo que hoy observamos que la obra denominada TERCER CARRIL ENTRE EL ESTADIO ALVARO GOMEZ HURTADO Y PAPI QUIERO PIÑA, en el tramo comprendido entre Mac Pollo y Papi Quiero Piña en Floridablanca, parece haberse realizado ocupando el espacio que antes correspondía a la berma.
Como resultado, en algunos sectores los vehículos circularán prácticamente junto al sendero peatonal y, en otros, junto a la baranda de un sendero peatonal que estaba aislado de la vía por la berma.

Dejo claro que NO se trata de discutir si la ciudad necesitaba más capacidad vial en este sector, es evidente que el crecimiento del área metropolitana exige soluciones para mejorar la movilidad, lo que preocupa es otra cosa: ¿se puede mejorar la movilidad reduciendo los márgenes de seguridad? Las grandes tragedias en las carreteras casi nunca obedecen a una sola causa, son la suma de pequeños errores, un segundo de distracción, una llanta que estalla, una maniobra inesperada, una falla mecánica, un motociclista que pierde estabilidad, un conductor que esquiva un obstáculo.
Precisamente para esos momentos existen las bermas.
Cuando desaparecen las bermas, desaparece también ese último espacio que muchas veces evita una tragedia; un vehículo que invade unos centímetros el borde de la calzada ya no encuentra una zona para corregir su trayectoria; encuentra un peatón, una baranda, un poste o cualquier obstáculo fijo, allí es donde la ingeniería deja de ser un asunto técnico para convertirse en un asunto profundamente humano.
Es obvio que nos hemos acostumbrado a medir la construcción de vías por la utilidad que prestan, pero hoy también deben medirse por la seguridad que ofrecen a quienes las utilizan, por eso las preguntas que hoy se hacen muchos ciudadanos son legítimas y merecen respuestas claras
¿Fue autorizada la eliminación de la berma por la entidad competente?
¿Se elaboró una Auditoría de Seguridad Vial independiente?
¿Existe un estudio técnico que demuestre que esta modificación no incrementa el riesgo para peatones y conductores?
¿Qué medidas sustituyen la función que durante décadas cumplió la berma?
¿Quién asume la responsabilidad si mañana ocurre un accidente precisamente en ese tramo?
¿Mejoro la movilidad en donde se presentaba el cuello de botella?

foto actual julio 8/2026
En el sector debajo del puente vehicular que comunica el casco antiguo de Floridablanca con la autopista Piedecuesta, no fue ampliado el ancho de la calzada sentido norte sur y los conductores utilizaban la berma en horas de congestión para agilizar la marcha, hoy la utilizan como un carril ya habilitado, pero sigue siendo el mismo espacio que siempre ha estado limitado por una baranda que separa el ahora carril del sendero peatonal.
“Estas preguntas no buscan detener el desarrollo ni descalificar una obra”, buscan algo mucho más elemental: garantizar que cada decisión sobre una vía nacional haya sido tomada con el mayor rigor técnico y con la vida humana como prioridad, porque las carreteras no se diseñan para el día en que todo funciona bien, se diseñan para el día en que algo sale mal, ese es el verdadero examen de una infraestructura segura.
Ojalá la interventoría, el INVIAS, la ANI y la administración municipal respondan con transparencia y pongan a disposición de la ciudadanía los estudios, diseños y análisis que respaldan esta decisión. Si la solución adoptada cumple plenamente con las normas técnicas y garantiza iguales o mejores condiciones de seguridad, será una buena noticia para todos, pero si existen dudas razonables, es ahora cuando deben despejarse, antes de que la obra quede terminada y, peor aún, antes de que un siniestro vial nos obligue a lamentar lo que pudo prevenirse, porque un carril adicional puede reducir algunos minutos de viaje y la eliminación de la berma puede reducir costos superiores al haber tenido que recortar mas el talud, demoler parte de un puente peatonal entre otras obras que genere costos superiores, pero ninguna obra pública justifica poner en riesgo una sola vida.
