¿por qué las encuestas podrían volver a equivocarse en 2026?

Por: Abg.SALVADOR MOLINA SAAVEDRA

Durante meses, en 2022, la elección presidencial colombiana pareció tener un libreto ya escrito. Las encuestas repetían una misma fotografía: Gustavo Petro lideraba con holgura, Federico “Fico” Gutiérrez aparecía como el rival llamado a enfrentarlo en segunda vuelta y Rodolfo Hernández orbitaba, incómodo pero distante, como un fenómeno regional sin combustible suficiente para alterar el desenlace.

Los números parecían hablar con contundencia.

En las últimas semanas previas a la primera vuelta, varios sondeos ubicaban a Petro entre el 38 % y el 40 % de intención de voto, mientras Fico oscilaba entre el 20 % y el 25 %, consolidado aparentemente en el segundo lugar, Rodolfo Hernández, entretanto, permanecía relegado en franjas cercanas al 12 %–17 %, dependiendo de la medición.

El consenso estadístico parecía inequívoco: habría segunda vuelta entre Petro y Gutiérrez.

Pero el país despertó el 29 de mayo con otra realidad, Petro sí ganó la primera vuelta, tal como anticipaban los estudios de opinión, al obtener 40,32 % de los votos,  sin embargo, el segundo boleto no fue para el candidato del establecimiento de derecha, sino para un outsider que las mediciones no alcanzaron a dimensionar completamente; Rodolfo Hernández logró 28,15 %, dejando atrás a Fico, que terminó con 23,91 %.

No fue una diferencia marginal. Fue un terremoto metodológico, las encuestas acertaron el liderazgo de Petro, pero fallaron en algo crucial: interpretar hacia dónde se estaba moviendo el voto de rechazo y qué tan rápido podía reorganizarse el electorado colombiano.

La pregunta inevitable, cuatro años después, es incómoda para campañas, consultores y analistas: ¿puede repetirse exactamente el mismo fenómeno en 2026? la respuesta corta es sí, y quizá con más razones que antes;

el error de 2022 no fue matemático, fue político.

La lectura simplista sostiene que “las encuestas fallaron”. Pero el problema de fondo fue otro: las encuestas midieron una realidad que estaba cambiando más rápido de lo que podían capturar, en 2022, Rodolfo Hernández se convirtió en un fenómeno tardío impulsado por tres factores que crecieron fuera del radar tradicional: redes sociales, el voto de castigo y el agotamiento frente a las élites políticas,

Mientras el debate público se concentraba en Petro contra Fico, una parte silenciosa del electorado comenzó a migrar hacia una candidatura que prometía ruptura, irreverencia y castigo a la clase política, el cambio fue tan acelerado que varias firmas apenas lograron detectarlo cuando ya era irreversible.

El precedente importa porque las condiciones estructurales de ese fenómeno no han desaparecido en 2026, aunque el deseo del electorado puede haber cambiado.

Colombia sigue siendo un país marcado por una enorme desconfianza institucional, una ciudadanía menos fiel a los partidos tradicionales y un votante cada vez más emocional, menos ideológico y profundamente impredecible, Ese es el combustible perfecto para una nueva sorpresa.

La trampa de creer que la encuesta es el resultado.

Uno de los mayores errores del debate político colombiano consiste en confundir intención de voto con voto consolidado, Una encuesta es una fotografía, la elección es una película y las películas cambian de final, en 2022, la fotografía de abril parecía definitiva. Pero entre abril y mayo ocurrió una transferencia masiva de apoyos hacia Hernández, el electorado útil comenzó a reorganizarse; algunos votantes abandonaron candidaturas percibidas como inviables y otros migraron estratégicamente para bloquear determinados escenarios.

Ese comportamiento podría repetirse en 2026 los electores que aun no se han dejado contagiar de la polarización, pueden estar buscando quien demuestre capcidad de unir el país.,  capaz además de capturar simultáneamente el malestar económico, la decepción con el Gobierno y el rechazo hacia la oposición tradicional, no sería la primera vez que Colombia gira bruscamente hacia una figura que, meses antes, parecía improbable.

2026: una elección especialmente vulnerable a errores de medición

Hay al menos cuatro razones por las cuales las encuestas podrían volver a equivocarse:

1.El voto oculto ha crecido cada vez más electores desconfían de responder encuestas o prefieren ocultar sus preferencias reales. En sociedades polarizadas, muchos ciudadanos evitan declarar públicamente por quién votarán.

2.Las redes sociales cambian campañas en semanas, Rodolfo Hernández mostró que ya no es indispensable una maquinaria tradicional para crecer aceleradamente. Un candidato con narrativa viral puede alterar el tablero en muy poco tiempo.

3.La fragmentación política es extrema si el voto opositor o el voto oficialista se dispersan entre demasiados nombres, pequeños movimientos porcentuales pueden cambiar quién entra a segunda vuelta.

4.En 2022, bastó un salto de pocos puntos para reordenar completamente el resultado esperado.

5.El voto emocional pesa más que el programático la política colombiana ha dejado de moverse únicamente por ideología, el cansancio, la rabia, el miedo o el deseo de castigo terminan definiendo decisiones de última hora y esas emociones son difíciles de medir con precisión estadística.

La verdadera advertencia de 2022, la gran enseñanza de aquella elección no es que las encuestas sean inútiles, es que pueden equivocarse cuando el país entra en estado de volatilidad política, y Colombia hoy mas que nunca esta en uno de esos momentos.

Por eso, el mayor riesgo para 2026 quizá no sea el error de las firmas, encuestadoras, el verdadero riesgo es que candidatos, medios y ciudadanos vuelvan a cometer el mismo error de hace cuatro años,  “creer que porque alguien lidera semanas antes, ya tiene asegurada la historia del día electoral”. Colombia ya vivió una elección en la que el libreto cambió en el último acto, Ignorar esa experiencia sería, precisamente, la mejor forma de repetirla.

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